Documents / FOIA release
This is a Central Intelligence Agency cable dated 14 August 1985 and sent to Washington. It forwards news clippings and magazine articles on Josef Mengele, released under the Nazi War Crimes Disclosure Act. The attachments include an Argentine magazine report on claims that Mengele lived in La Banda, Santiago del Estero, as Adolfo Gualterio Ascher, along with an interview with the judge investigating those claims. They also include a newspaper article on Mengele's protection in Paraguay and on past efforts to extradite him. The file has no UFO content.
“Cooper”2 pages
LLA CASA IN MENGELE? Adolfo GuaUeda Ascher (el supuesto Mengele) la compr6 en 1946. All! vivi6 con su =der y una ama de /laves durante doce arios. Esta en la calle 25 de Mayo prolongaciOn. Uno de los lugares mas aislados de la chided. Desde el mirador se puede divisar cualquIer persona o vehlculo que se acerque. Segiin los peones era custodiada pot hombres armados y perros bravos. La juslicia busca on s6tano (aparentemente oculto) que revelaria la personalidad del hombre que la habit6. 72 , maba su mujer a Ascher) lo in- vitaba a su casa uruguaya. (Como se mudaron da dos di- recciones: una, Cambara 1628. La otra, Bolivia 1548). Entre fines del '60 y principios del '61 Ilega la Ultima carte: Maria le anuncia que Ascher habia muerto. Jamas volvi6 a saber de ellos. Para Guillen "Si Ascher es Mengel° yo soy Hitler". ,Muri6 realmente? z0 cern° el cadaver del cementerio de Emb6, en Brasil, es una pregunta sin respuesta? Dificil de admitir para los que lo reconocieron como Joseph Mengele. Sin embargo, el doctor Olegario Hernandez --quien al ver las fotos de Mengele reconoci6 el increible parecido de este con Ascher— aporta un dato que hace creible la versien de su muerte. Como amigo de la fa- milia (a poser de que no sim- patizaba con Maria) se encontre con. ella en la confrteria del viejo Hotel San Martin. Les Ascher se iban del pals. Entre lagrimas la mujer le' confes6 que Walter estaba seriamente enfermo. Las lipotimias se estaban suce- diendo de manera alarmante. Se quej6, tambien, y muy amargamente, de los comen- tarios de la gente. El que mas la habfa herido era la versiOn de que su marido era el amante de Sara. Hernandez recuerda, edemas, una frase muy signifi- cative de Ascher, pronunciada despues de 1955: "Creo que lleg6 la hora de irme. Sin Per6n este pals esta condenado a su- frir grandes con vulsiones so- ciales". No recuerda haber visto . ningOn libro en la case. Si, en cambio,'varios diarios y publi- caciones peronistas. Tambien registra ''su nariz, levemente aguiletla" y el hecho de que re- cibia una cantidad de delares desde Alemania. Todo indica que era su jubilaciOn de la em- presa Schering. Descarta por false la versiOn de que la San Fernando estaba custodiada por perros bravos y hombres ar- mados como sostienen la ma- yoria de los vecinos. "Los fa- mosos perros eran en realidad 7 u 8 terriers escoceses de color negro. Que eran muy ladrado- res. Pero nada mds. Para no hablar de la cantidad de gatos
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